Un banco de desarrollo y una perspectiva multipolar concretada

La Organización de la Cooperación de Shanghái, la mayor asociación transregional del mundo en la actualidad, trabajó en la cumbre reunida en Kazajistán en setiembre de 2026, sobre la idea de un banco de desarrollo con su propia infraestructura universal y multilateral. Un organismo operando en forma libre sus operaciones financieras, independiente de Occidente y sus sanciones. Al mismo tiempo, consolidó una perspectiva multipolar, con una agenda internacional que incluyó la condena a los ataques perpetrados contra Irán.


A lo largo de sus 25 años de historia, la OCS evolucionó de un foro regional de seis Estados a la mayor asociación transregional del mundo. En la cumbre de Tianjin de 2025, se adoptó la Estrategia de Desarrollo de la OCS hasta 2035, que identifica la modernización integral de la organización como su objetivo principal: actualizar el marco jurídico, aumentar la eficiencia de los órganos permanentes y pasar de un modelo basado en el debate a un enfoque orientado a proyectos.

Sus Estados miembros abarcan un territorio aproximado de 36 millones de km² con una población superior a los 3.400 millones. En 2025 el comercio mutuo superó los 700 mil millones de dólares y el PBI combinado alcanzó 27 billones de dólares, lo que representa aproximadamente una cuarta parte del PBI mundial según las declaraciones del Secretario General Nurlan Yermekbayev en la última Cumbre.

La Organización avanza a pasos firmes en la materialización de sus objetivos: la creación de un sistema financiero propio y la consolidación de una perspectiva multipolar. Dos eventos sucedidos en el mes de setiembre dan cuenta de ello.

Hacia un nuevo Banco de Desarrollo de la OCS

El primero tuvo lugar el 14 y 15 de septiembre, se trató de la quinta ronda de consultas para el establecimiento del Banco de Desarrollo de la OCS celebrada en Hangzhou, República Popular China. La necesidad de crear una institución financiera que mejore la actividad económica del bloque no es novedosa, se viene gestando hace tiempo y se comunicó oficialmente en la cumbre de Tianjin celebrada en el año 2025. El objetivo de la nueva institución sería el financiamiento de proyectos conjuntos de infraestructura y potenciar la competitividad de la región.

Ivan Timoféyev, director del Club de Debate Valdai, sugirió que la iniciativa de un banco va más allá de ser un mero instrumento económico. Calificó el proyecto de revolucionario, ya que la OCS contaría con su propia infraestructura universal y multilateral para liquidar sus operaciones financieras. Al ser un sistema independiente de Occidente, podría operar de forma libre y no estaría obligado a aplicar las sanciones que pesan, por ejemplo, sobre algunos de sus miembros como Irán o Rusia. Esto sin duda aportaría mayor seguridad financiera a los Estados.

La cooperación en materia de inversiones también ha avanzado, con la creación de la Asociación de Inversores y se ha puesto en marcha una base de datos de preferencias económicas para los Estados miembros. Asimismo, se ha establecido un mecanismo para la celebración de reuniones entre los responsables de puertos y centros logísticos.

La eficacia de la Organización se traduce en el funcionamiento de 29 mecanismos especializados, constituidos por ministerios y organismos.

En la última ronda de reuniones de la Cumbre, se continuaron discutiendo los parámetros operativos y la arquitectura financiera que debería tener la futura institución. El presidente de Kazajistán, Kassym-Jomart Tokayev, ya manifestó la voluntad de alojar la sede. Esto no es algo azaroso porque el país es el que mayor volumen comercial mantiene con los países miembros, además de contar con una excelente ubicación en términos de logística.

Ahora bien, más allá del consenso que se demuestra en las declaraciones, hay un punto crucial que genera tensión en el interior del bloque: la formación de los fondos y el esquema de la toma de decisiones. China, por envergadura económica, podría ser el país que mayor capital aporte y esto supone una ventaja a la hora de proyectar su influencia. En este sentido, la discusión que subyace es la división del poder al interior del nuevo banco. Los principales interrogantes que se abren y sobre los que se negocia por el momento son: ¿el peso del voto dependerá del capital aportado?, ¿quién aprobará los proyectos? y ¿cuáles serán las reglas a seguir para obtener financiamiento?

La declaración de Bishkek y la cuestión iraní

El segundo evento fue la 26ª reunión del Consejo de los jefes de Estado de la Organización de la Cooperación de Shanghái, celebrada entre el 31 de agosto y el 1 de septiembre. La cumbre contó con la presencia de los mandatarios Xi Jinping (China), Vladímir Putin (Rusia), Aleksandr Lukashenko (Bielorrusia), Narendra Modi (India), Kassym-Jomart Tokayev (Kazajistán), Shehbaz Sharif (Pakistán), Shavkat Mirziyoyev (Uzbekistán) y Masoud Pezeshkian (Irán).

Se firmaron 28 acuerdos en áreas estratégicas tales como política, seguridad, comercio, inversión, energía, industria, ecología, turismo, nuevas tecnologías y se consensuó una agenda internacional . El documento más relevante fue la declaración de Bishkek , en la que se puede destacar la posición unificada sobre la República Islámica de Irán.

En la declaración lamentaron la muerte de Seyed Ali Jamenei, Líder Supremo de Irán y condenaron las sanciones y ataques por parte de Israel y los Estados Unidos. Asimismo, hicieron un llamado al respeto de la soberanía y la integridad territorial iraní.

“Los Estados miembros, reafirmando nuevamente su apoyo a la soberanía y la integridad territorial de la República Islámica de Irán, abogan por la solución del conflicto exclusivamente mediante medios políticos y diplomáticos. En este sentido, acogen con satisfacción todos los esfuerzos encaminados a desescalar la situación en la región”

Israel y Estados Unidos iniciaron los ataques a finales del mes de febrero de 2026 con el objetivo de derrocar al régimen iraní y frenar sus programas nucleares. Desde entonces el conflicto se mantiene activo pese a las negociaciones y un memorándum de entendimiento firmado que ya caducó.

Uno de los principales puntos de tensión sigue siendo el Estrecho de Ormuz, ruta marítima ubicada entre el golfo Pérsico y el golfo de Omán. Por esta vía circula aproximadamente el 20% del comercio de gas y petróleo mundial por lo que su bloqueo produjo una suba inmediata en el precio de estos activos energéticos, además de afectar las cadenas de suministros internacionales.

A siete meses de comenzada la guerra, el conflicto no da señales de resolverse en lo inmediato. Teherán mantiene el control del Estrecho aunque su economía se encuentra en crisis y para Washington los costos de la guerra siguen creciendo. En este sentido, los firmantes de Bishkek advirtieron que los conflictos bélicos desestabilizan Medio Oriente y perjudican las iniciativas para promover la paz en toda la región.

La apuesta por el comercio y un nuevo orden multipolar

Irán no es el único foco de tensión en la actualidad. Rusia continúa su guerra contra Ucrania, por lo cual encuentra vedado su comercio hacia Occidente producto de las sanciones. Ante esto, utiliza la Unión Económica Euroasiática y la OCS para mantener su sistema comercial activo. A su vez, China mantiene una guerra comercial con los EE. UU., en donde se han incrementado los aranceles a las importaciones orientales con el objetivo de frenar su proyección y más en sectores claves como el tecnológico, el industrial y el militar. Mientras tanto, el país liderado por Xi Jinping continúa adelante con su política de apertura y cooperación multilateral, consolidándose en la región y fortaleciendo iniciativas como la Franja y la Ruta.

El espíritu de la OCS está lejos de querer mantener vigente estas disputas, por el contrario, en el documento los mandatarios exhortaron a resolverlas por los canales institucionales internacionales. El bloque necesita seguridad y estabilidad para desarrollar lo que mejor sabe hacer: el comercio.

La cooperación comercial es el eje que utiliza la Organización para su expansión. En función de esto ha creado alianzas comerciales con diferentes Estados y regiones hasta la actualidad, al punto de proyectar la creación de su propio banco. Su espíritu político se aleja del clásico estadounidense, como único ganador, y propone un esquema donde todos los participantes se beneficien. En la misma línea promueve el respeto por la integridad y soberanía de las naciones. Ante la pérdida de hegemonía de Occidente, propone un nuevo orden mundial basado en la multipolaridad y la cooperación comercial.

Daniel A. Sierra es licenciado en comunicación social UBA, maestrando en Procesos de Integración Regional, FCE-UBA. dsierra1000@gmail.com

Daniel A. Sierra