El acuerdo comercial UE - Mercosur hacia el mayor bloque de libre comercio del mundo.
El sábado 17 de enero se firmará en Asunción este primer tramo del acuerdo, que comprende el capítulo comercial, manejado por la Comisión Europea. La aprobación del Parlamento europeo y la internalización en los parlamentos del Mercosur, permitirá su entrada en vigor en el primer semestre de 2026. El acto tiene gran trascendencia, en tanto coloca al bloque del Mercosur en una posición de fortaleza geopolítica en momentos de turbulencia regional.
Brasilia, 01/09/2026, Valor Foreign Affairs.
El voto de la mayoría de los países de la Unión Europea aprobó este viernes el acuerdo de libre comercio entre el Mercosur y la UE, poniendo fin a casi un cuarto de siglo de negociaciones. La decisión allana el camino para la implementación de lo que está llamado a ser el mayor bloque comercial del mundo, eliminando aranceles de importación en más del 90% de los productos y abarcando un mercado de más de 700 millones de personas.
Tras años de interrupciones, el impulso detrás del acuerdo se recuperó en 2024, impulsado por los esfuerzos personales del presidente Lula y el respaldo decisivo de España y Alemania. Francia fue la principal opositora al acuerdo y votó en contra, seguida de Austria, Polonia, Hungría e Irlanda. Bélgica se abstuvo, mientras que Italia, que había expresado críticas al acuerdo, finalmente se unió a la mayoría. Se espera que la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, firme el pacto el 17 de enero en Paraguay, que actualmente ocupa la presidencia pro tempore del Mercosur.
"En este difícil momento geopolítico, marcado por la inestabilidad y los conflictos, esto es fundamental para el mundo", sostuvo el presidente paraguayo Santiago Peña. "Demuestra que es posible construir un camino de comercio con reglas, de apertura comercial, y de fortalecimiento no del aislacionismo, sino del multilateralismo", agregó.
El ministro de Hacienda, Fernando Haddad, calificó el acuerdo Mercosur-UE de histórico. "Un acuerdo histórico, no solo por su significado económico, sino sobre todo por su significado geopolítico. Se abre una nueva vía de cooperación en este momento turbulento, apuntando a un nuevo camino de pluralidad y oportunidad", escribió en X.
El vicepresidente y ministro de Desarrollo, Industria, Comercio y Servicios, Geraldo Alckmin, dijo que se espera que el tratado se firme en los próximos días, con perspectivas de entrar en vigor a lo largo de este año. Señaló que el acuerdo aún requerirá la aprobación del Congreso brasileño y del Parlamento Europeo antes de poder incorporarse al derecho interno. Según él, si el Congreso brasileño aprueba la medida en el primer semestre del año, la entrada en vigor del acuerdo no dependerá de la aprobación legislativa en los otros países del Mercosur.
El acuerdo tiene el potencial de aumentar las exportaciones brasileñas al mercado europeo en unos 7.000 millones de dólares, según estimaciones de la Agencia Brasileña de Promoción de Exportaciones e Inversiones (ApexBrasil). La agencia señaló que el acuerdo cubre una población de más de 700 millones de personas y un PIB combinado que supera los 22 billones de dólares.
La ministra de Planificación, Simone Tebet, sostuvo este viernes (9) que la firma del acuerdo Mercosur-UE ayudará a contener la inflación en Brasil al ampliar el acceso a los mercados de consumo, atraer inversiones, fortalecer la integración entre países y aumentar la oferta de productos y la competencia. Según ella, este es uno de los acontecimientos económicos más significativos de las últimas décadas para Brasil y para el bloque sudamericano.
Por su parte, desde San Pablo, la periodista argentina residente en Brasil Eleonora Gosman, destacó las palabras del presidente Lula ante este acuerdo en momentos cruciales para la región.
“Es un día histórico para el multilateralismo. Después de 25 años de negociación fue aprobado el Acuerdo entre Mercosur y Unión Europea, uno de los mayores tratados de libre comercio del mundo”. Con estas entusiastas palabras, posteadas en la Plataforma X, el presidente Luiz Inácio Lula da Silva celebró la decisión de la UE de respaldar la alianza entre los dos mercados comunes. Para el presidente brasileño “los dos bloques juntos suman 718 millones de personas y representan un PBI de 22,4 billones de dólares”.
Claro que no se trata apenas de un tema económico, sostiene Eleonora en una nota del 9/01/2026, en Perfil. Es más, en otras ocasiones las salvaguardias impuestas por la parte europea para el comercio agropecuario y sus productos procesados, no tuvieron el consenso brasileño ni tampoco el argentino. Pero esta vez, en el aval dado por el Mercosur predominó un fuerte contenido geopolítico, tal como marcó Lula en su posteo: “En un escenario internacional de creciente proteccionismo y unilateralismo, el acuerdo es una señalización a favor del comercio internacional como factor para el crecimiento económico, con beneficio para los dos bloques”.
Desde luego, el hecho constituye un fuerte mensaje para un destinatario exclusivo: el presidente norteamericano Donald Trump. No sólo pone en cuestión la política arancelaria adoptada por el jefe de la Casa Blanca ni bien asumió el año pasado; también representa un lugar de “refugio” de poder político contra las aspiraciones de EE.UU. de envolver a América Latina dentro de su actual rumbo geopolítico, explica Gossman.
La visión argentina
Desde Argentina, la economista Paloma Ochoa, de la Fundación ICBC, indica en una nota que la expectativa es que el Parlamento Europeo apruebe la parte comercial en una sesión clave prevista en poco tiempo, permitiendo una entrada en vigor provisional de los capítulos comerciales. Pero la total ratificación del acuerdo enfrenta un proceso complejo debido a su naturaleza “mixta”, que combina competencias exclusivas de la UE (comercio) con áreas que requieren aprobación nacional (cooperación y diálogo político). En la UE, el proceso comienza con la aprobación del Consejo por mayoría calificada, que es la etapa que se cumplió, seguido del voto en el Parlamento Europeo. La parte comercial podría entrar en vigor provisionalmente tras este paso, pero los capítulos de cooperación exigen ratificación por los 27 parlamentos nacionales, un proceso que podría tomar años.
En el Mercosur, cada país (Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay) debe aprobar el acuerdo en sus congresos nacionales, con plazos que varían entre 6 y 18 meses. Brasil, al igual que Paraguay y Uruguay, impulsa una ratificación rápida para 2025. En Argentina, el debate sobre el impacto en la industria local ocupará el centro de la escena. Sectores como la UIA (Unión Industrial Argentina) han expresado inquietud por la competencia europea en manufacturas, mientras que la Sociedad Rural Argentina apoya el acuerdo por sus beneficios agropecuarios.
La entrada en vigor provisional de la parte comercial depende de la aprobación en ambos bloques, con plazos de implementación gradual (5 a 15 años) para la eliminación total de aranceles, señala la economista.
En el ámbito comercial, el acuerdo elimina aranceles en el 91% de las exportaciones del Mercosur a la UE y en el 92% de las exportaciones europeas al Mercosur, generando ahorros significativos para ambos lados. Para la UE, productos como aceite de oliva, vinos, lácteos y frutas frescas ganan acceso preferencial al mercado sudamericano, mientras que el Mercosur beneficia a sectores agrícolas clave como carne bovina, pollo, azúcar y soja, con cuotas arancelarias reducidas (por ejemplo, 99.000 toneladas de carne a un arancel del 7,5%). Los plazos de desgravación, que alcanzan hasta 15 años para productos sensibles, buscan proteger sectores vulnerables mientras fomentan la competitividad, señala una publicación de Paloma Ochoa, de la Fundación ICBC.
El acuerdo protege 200 indicaciones geográficas del Mercosur, incluyendo productos argentinos como el vino Malbec de Mendoza o el dulce de leche, garantizando su autenticidad en el mercado europeo. A cambio, Argentina acepta abrir su mercado a bienes europeos como maquinaria, químicos y lácteos, con plazos de desgravación de hasta 15 años para proteger sectores industriales locales, como la automotriz y textil, que emplean a miles en Córdoba y Buenos Aires. Asimismo, abre mercados de servicios como finanzas, telecomunicaciones y transporte, permitiendo a empresas europeas operar en el Mercosur y viceversa. En compras públicas, ambos bloques podrán competir en licitaciones gubernamentales, aumentando la transparencia y las oportunidades para pymes.
Asimetrías
Las principales críticas giran en torno a las asimetrías entre ambos bloques y sus posibles efectos sobre los sectores industriales. El Mercosur exporta sobre todo bienes primarios y agroindustriales, mientras que la UE envía productos de mayor valor agregado, industriales y tecnológicos. Esto podría implicar pérdidas en sectores como el automotriz y de bienes de capital, compensadas sólo parcialmente por mayores exportaciones agroindustriales. En ese escenario, la reconversión productiva sería clave para mitigar los impactos.
Otro punto de debate es que el acuerdo no solo afectaría el comercio con la UE, sino también el intercambio dentro del propio Mercosur. Argentina y Brasil podrían perder participación en su comercio bilateral de manufacturas, lo que reforzaría la tendencia a la primarización de sus economías. Esto convierte al acuerdo en un desafío más que en una oportunidad, ya que las transformaciones necesarias implicarían altos costos sociales. Sin embargo, también se destaca su valor estratégico: podría servir como impulso para modernizar el bloque y mejorar su inserción en las cadenas globales de valor, destaca Ochoa.
Lo cierto es que el acuerdo potencia el valor geopolítico del Mercosur, en momentos en que la potencia del norte dominante, intenta avanzar territorial y económicamente sobre una política de injerencia y ocupación de estados soberanos de la región.





